jueves, 1 de noviembre de 2012

Noticia 5


Racismo en las redes

Hace unos días un grupo de muchachos que tuvo un accidente de tráfico intentó repeler a un camarógrafo a punta de insultos. Inmediatamente empezaron a aparecer contra ellos frases igualmente discriminatorias en Facebook y Twitter. Aquí una muestra de la violencia con la que algunos responden a la falta de tolerancia.
Pocas horas después de que la televisión pusiera en las retinas de los peruanos la rabia insolente de un grupo de muchachos “bien” en un accidente de tránsito, apareció en el ciberespacio un nutrido ejército de francotiradores que pugnaban por traerse abajo la cabeza del más majadero de la gavilla. El jovencito en cuestión le había espetado sin ambages al camarógrafo que lo estaba grabando: “¡Me llega al pincho tu vida, cholo de mierda!”. La tarde del 9 de setiembre se habían creado ya las primeras páginas de Facebook con nombres alusivos a la susodicha frase, llevándola hasta el colmo del sarcasmo. Como el muchacho había maldecido tanto la vida como el trabajo, la casa e, incluso, la cámara del periodista fisgón, en medio de su pavor por saberse observado, las posibilidades para bautizar a los nacientes espacios de indignación virtuales fueron variadísimas. Junto con las protestas que condenaban la agresión con palabras alturadas, aparecían otras que destilaban el mismo zumo racista del que se estaba haciendo sorna.
En una página de Facebook que hoy cuenta con más de 7.500 seguidores, alguien escribió: “Estos bravucones blanquiñosos limeñitos de la calle que necesitan mostrarse viriles tienen una triste carencia en el alma, sus amigos confundidos y atormentados pueden estar muy orgullosos y celebrar estas situaciones en las que esta clase social tan refinada y humanista que es la clase ‘superior’ castiga y agrede con un vocabulario tan lírico, elegante y poético a un pequeño grupo de ‘cholos de m...’”. Racismo de vuelta, le dicen. En otra parte de la red la descalificación racial dio paso a un peligroso guiño con la violencia: “El día que un camarógrafo le incruste la cámara al chibolo apenas lo cholea, y la Policía no diga nada, ese día este país sabrá de inclusión social”, por ejemplo. Un desubicado total.
Pero este tipo de reacciones no solo apuntaban a los muchachos de San Isidro, sino también a aquellos cibernautas que no se mostraron críticos con ellos. Padecieron especialmente los que crearon páginas en tono burlón o chacotero. Un usuario de nombre Ricardo, por ejemplo, comentó iracundo frente a uno de estos espacios frívolos: “Me daría asco darle like a tu página, no sabes lo que es el Perú, tonto. Qué te digo. Gringo imbécil. Somos peruanos y no debemos discriminarnos”. Ricardo usó un calificativo racial para cuestionar una posición vapuleada justamente por su racismo.
Frente a él, en la misma página, salió un individuo de nombre “Arthur III”. Un perfil de Facebook, a todas luces, falso. Se puso filosófico. Escribió: “¿Cholo? En Perú todos son cholos e indios. Lo digo con respeto, yo he estado en Perú. Hay gente blanca, o más oscura, pero siguen siendo indios. El blanco verdadero está en Europa. Si uno pone a un blanco agringado al lado de un europeo, la diferencia es enorme. Culturícense”. Pero fue la prepotente intervención de Michell la que selló este debate de sordos. “Me llega que le den tanta importancia como para crearle una página a este imbécil gringo desabrido; quién lo va a mirar. Cholea como bueno, y al final va a terminar casado con una. Chibolo imbécil”.
De la mano con estas posturas irreductibles encontramos una aparentemente más conciliadora pero que, en el fondo, justifica tácitamente el proceder discriminatorio de los cibernautas. Luis Miguel decía: “Todos hablamos huevadas cuando estamos en muchas chelas!!!!”. Fueron minoritarias las ideas equilibradas, como la de Camila, que hace una reflexión sobre el aprovechamiento mediático del caso en su perfil de Facebook. “No entiendo a dónde quieren llegar con esto. Todos saben que la manera en que los chicos reaccionaron no fue la mejor, pero ya déjenla ahí. Están perjudicando a muchisísima gente! Los periodistas lo único que tratan de hacer es subir el rating, están malogrando la reputación de gente que no tiene nada que ver. No traten de averiguar quiénes han sido, y menos pierdan el tiempo insultándose”.
De acuerdo con la periodista y especialista en medios digitales Jacqueline Fowks, el racismo que circula en las redes sociales virtuales (incluyendo el que responde a otros gestos racistas) no es más que una versión amplificada de la discriminación en la vida offline (o fuera de Internet). Llama la atención que los peruanos se descalifiquen entre sí por su color de piel en el Facebook y en el Twitter porque en estos espacios las palabras adoptan un inusitado carácter masivo. En las redes sociales hay un número exorbitantemente mayor de observadores potenciales que en la calle. Además, explica Fowks, la discriminación opera libremente en la red por la naturaleza impersonal de la herramienta: cualquiera puede crearse en Facebook un perfil falso con un nombre inexistente y un avatar como foto, y despotricar contra todas las pieles del mundo.
En el caso de los chicos de San Isidro no es la primera vez que los hilos virtuales peruanos experimentan un frondoso intercambio de epítetos racistas. Luego de la primera vuelta de las elecciones presidenciales del año pasado, muchos internautas, atemorizados por la eventualidad de que Ollanta Humala llegara a Palacio de Gobierno, abrieron fuego contra él desde sus cuentas de Facebook y Twitter. Especularon sobre la posibilidad de que las empresas sean confiscadas; los periodistas, amordazados; y los disidentes, perseguidos. Lo hicieron recurriendo a argumentos raciales que solo atizaron el fuego de la contienda (ver recuadro).
La pregunta es si la avalancha de críticas que se merecen las personas con gestos racistas en la red contribuirá de algún modo a fomentar la reflexión y frenar cualquier impulsos discriminatorios. “Decir ‘cholo de m...’ ahora está satanizado, dices eso y te hacen ciberbullying. Qué pena, en serio”, dice un cibernauta de nombre Carlo. Sí, es crudo, pero es real. El Perú es una suma de razas pegadas con goma. Las diferencias étnicas y culturales que distancian a sus habitantes desde tiempo inmemoriales se cuelan con todo dramatismo en las redes sociales. Lo cuestionable de esto es que el racismo se combata con más racismo. La violencia como respuesta es doblemente tonta.  (GH)

Tomado de : http://www.larepublica.pe/23-09-2012/racismo-en-las-redes#foto2

Comentario:


Primero que nada, antes de empezar mi comentario, quisiera decir que abordaré la problemática desde una perspectiva no teórica, y que en este espacio no pretendo saber qué es lo que las autoridades deben hacer o no, ni saber quienes son los responsables ni por qué se da, si no que quisiera abordar el problema desde la reflexión, desde lo que cada uno puede aportar desde sus posibilidades para que la discriminación racial disminuya. Además, el contenido de mi participación tendrá una postura subjetiva, ya que, considero que mostrarme  objetivo significa mostrarme indiferente y creer que no soy parte del problema. No puedo realizar este trabajo como si se tratará de una tarea más, pensando más en una nota antes que en la problemática en sí.  Por este motivo, escogí esta noticia, debido a que, a  mi parecer, todos hemos sido testigos y/o participantes de algún acto de discriminación, ya sea, por las redes sociales o en nuestra vida cotidiana, ya sea, consciente o inconscientemente. Así mismo, las noticias me dejan una sensación de lejanía, sin embargo, creo que la mayoría de personas no podrán sentirse ajenas a este artículo.
Como se muestra en el artículo, frente a una noticia donde existe la discriminación racial, la mayoría de personas se indignan y luego reaccionan con una mayor cantidad de insultos que también son racistas. A este fenómeno, Jorge Bruce lo llama la multi-direccionalidad del racismo en el Perú, donde los bandos no se encuentran delimitados sino que es un todos contra todos.
Junto a la noticia, adjunto una imagen que observé en un post la semana pasada. Al principio no le dí mucha importancia, pero al ver que varios “amigos” la empezaron a compartir, la curiosidad me gano.  El post se trataba de tener cuidado donde se hacen los tatuajes, y en una parte  decía la siguiente frase con un fuerte contenido racista: “te crees una princesita delicada… pero eres una chola”.   Con esto quiero llegar a que muchos de esos “amigos” virtuales que se habían mostrado indignados por la noticia de la discriminación hacia el periodista, compartieron esta imagen. De esta manera, se demuestra que la discriminación racial en el Perú, se encuentra asolapada y solo se manifiesta cuando existen conflictos como los de Conga, o mediante las bromas.
Por otro lado, también demuestra que la gran mayoría sabe que la discriminación racial es un problema, pero no se sienten parte de él. Por eso piden que Otros (El Estado, gobierno, autoridades) solucionen dicho problema.
Creo que este problema nos involucra a todos y considero que existen dos pasos fundamentales para que el problema disminuya. El primero es el reconocimiento de la discriminación, que implica saber que discrimino y pensar en por qué lo hago. En este punto las palabras de Hermann Hesse cobran sentido. “Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros”.  Es pensar qué es lo que crítico en el otro,  que desprecio en mí mismo y que no se trata más que de una proyección nuestra sobre los demás.  En segundo lugar, reconocer la igualdad en el sentido, de tener las mismas oportunidades y derechos.  En ver a la otra persona como alguien igual a ti, con objetivos, metas y sueños. En ese momento, te sentirás más próximo y por lo tanto, más unido a la otra persona.
Para cerrar quiero utilizar las palabras de Jorge Bruce, “El veneno no ha perdido su capacidad de contaminar y dañar”  para resaltar, que si bien, la sociedad peruana ha avanzado en su lucha contra la discriminación racial (leyes, sanciones y multas), el problema todavía esta presente en nuestras mentes, a veces oculto, a veces expuesto, pero que siguen creando exclusión y daño en nuestra sociedad. 

Luis Arakaki

 


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