viernes, 28 de septiembre de 2012

Actores y protagonistas en juego


Actualmente, existe el sentido común en el Perú que “todos somos mestizos”, y esta categoría es empleada como elemento para encubrir las diferencias que existen entre los peruanos, evitándose así las cargas valorativas negativas que tienen expresiones cotidianas como cholo, blanco o negro. Pero la verdad es que la mayoría de los peruanos nos hacemos de la vista gorda en cuanto a nuestra propia apariencia, no estamos acostumbrados a mirarnos en el espejo; esto explica por qué es que "choleamos" tanto y por qué olvidamos que todos los nacidos en este territorio, tenemos en nuestros genes la raza indígena, a la cual desprestigiamos tanto en nuestra manera de hablar y actuar.
El racismo siempre ha existido, existe y existirá en el mundo; ya sea que se presente de manera burda y evidente como el Apatheid o de manera sutil y desgarradora como en los países más desarrollados. En el caso peruano, creo que es un racismo que se ve en todas partes, a cada momento y, sobre todo, a un nivel inconsciente. Es decir, todos reproducimos rasgos racistas sin ni siquiera darnos cuenta, que es lo que resulta más triste. Esto ocurre con los apodos, con la necesidad de remarcar el rasgo étnico del otro, hasta hacer que su sobrenombre sea la marca de su identidad, y ya no el nombre oficial en su DNI. Así, chino, cholo, negro, moreno, gringo, zambo, mulato, y un sinfín de otros apodos más, forman parte de esa fauna cotidiana en la cual todos nosotros nos desenvolvemos desde pequeños. ¿Ese tipo de apodos son reprobables? Ante esta difícil pregunta, uno se cuestiona, y se pone a pensar acerca del apodo propio. Pero a estas alturas de la vida, nos damos cuenta que nos identificamos con el apodo, sentimos que el apodo reconstruye nuestra identidad. Claro, todo apodo tiene su doble filo, Chino, Cholo o Negro tiene un doble significado. Puede ser coloquial y afectuoso, y quizá con el diminutivo añadido: chinito. Así suena “bonito”, pero bien en el fondo de ese cariño, hay su distinción, hay su diferencia, hay una ofensa escondida. El lado opuesto es el “chino” dicho como insulto, como denigración, como estigmatización. La diferencia es que la primera encubre una carga racista casi invisible, con ese diminutivo –ito, el racismo muestra su lado amable, su aspecto lindo. El problema es que se cae en la generalización, en la pérdida de individualidad, en pensar que todas las personas con los ojos jalados son chinos, y no vale diferenciación de por medio; al final, son la masa de “chinos” (claro, si todos son igualitos), como las masas de cholos, negros o gringos.

Como ya mencionamos, todos somos actores del racismo, pero podemos referirnos específicamente a algunos. Como por ejemplo, uno de los principales actores cuando nos referimos al racismo en el Perú, es el Estado; esto se debe a que es esta entidad la que debe velar por el bienestar de sus pobladores. Así mismo, también tiene la obligación de proteger los derechos de los ciudadanos de otros países que vivan dentro de sus territorio; por ello, ante cualquier estrategia que se adopte frente al racismo, el Estado tiene un papel protagónico. Tiene la obligación de:
·  Promulgar leyes que prohíban la discriminación racial.
·  Establecer los mecanismos propicios que estimulen la vigilancia sobre la incidencia del racismo y la discriminación racial dentro de instituciones y sociedades.
·  Condenar públicamente a las instituciones que incurran en dicho delito.
·  Asegurar que se sancionen a las instituciones públicas y a los funcionarios del Estado que niegan por motivos raciales la impartición de justicia.

Los empleados domésticos también son altamente perjudicados cuando hablamos del racismo. Estas personas que mientras nosotros viajamos, nos divertimos, salimos a comer o lo que sea que hagamos para pasar el tiempo, se dedican a cuidar nuestras casas y a nuestros animales, incluso a nuestros seres queridos, no son tratadas con el debido cariño y respeto que se merecen. No cometamos el error de maltratar y despreciar a quien en muchísimos casos, no ha tenido las mismas oportunidades que nosotros, y por ello no tenga nuestras mismas creencias o nuestra misma cultura; lo cual no significa que sea inferior a nosotros. La educación nuestra, tiene tanto que ver, como la mirada frente al espejo, de la que hablamos al principio. Debemos aprender a respetar y tratar con cariño al empleado del hogar, al portero que nos recibe todas las mañanas, al que limpia el carro a la vuelta de la esquina donde compramos, o a cualquier persona que se nos cruce en la vida.

Si bien la Confederación Nacional Agraria (CNA) y la Confederación Campesina del Perú (CCP) no han abordado temas como el racismo, la discriminación o la identidad indígena, no han abordado el tema del racismo directamente sino más bien el de la tierra y el territorio, esto se debe a que algunos dirigentes todavía no tienen claro el problema del racismo ni aún como racismo ambiental. Pero en cuanto a las organizaciones afroperuanas, si bien son mucho más conscientes del racismo que sufren, son también muy débiles, en parte porque muchos de sus integrantes padecen limitaciones económicas, lo cual genera que tengan dificultades para dedicar parte de su tiempo al activismo. Todavía, dentro de la población afroperuana existen serias carencias educativas, el número de profesionales es reducido y no todos desean involucrarse en acciones antirracistas.

Por ello, en agosto del 2004 surgió la Mesa contra el Racismo desde la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, que asumió como tarea una Campaña Nacional contra el racismo. Esta agrupaba a representantes de organismos de derechos humanos y a una docena de voluntarios, en su mayor parte jóvenes, que se reunían semanalmente para discutir cómo enfrentar la problemática contra el racismo.
En los primeros años, las actividades eran planificadas y desarrolladas de manera participativa, sin que los representantes de las instituciones buscaran imponer una decisión o una expresión determinada, sino más bien procuraban generar consensos sobre determinados temas.
Dentro de la Mesa contra el Racismo laboraban personas de ascendencia europea, mestiza, andina y africana. Esta diversidad era muy importante, pues guardaba relación con el enfoque de la Mesa: se rechazaba el racismo, no se planteaban las reivindicaciones de un determinado grupo étnico. Todos los participantes del grupo habían sufrido racismo en circunstancias muy diversas y querían evidenciar y enfrentar este problema.
A partir del año 2007 se conformaron otras Mesas en Sullana, Chiclayo, Ayacucho, Abancay, Iquitos, Junín, Chimbote, Cusco, Sicuani y Arequipa, que fueron financiadas por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos dentro de un proyecto que dirigió la Unión Europea. Normalmente, eran Mesas dirigidas por el integrante de ONG que era integrante de la Coordinadora, que recibía un sueldo por esta labor. Las actividades de cada Mesa eran distintas, según el contexto cultural y la problemática de cada zona.
A través del acceso a una invitación del congresista Jacques Rodrich, interesado por el tema y, tras una reunión con sus asesores, finalmente se logró que se modificara el artículo del Código Penal con el texto actual, que es mucho más preciso y tiene penas más severas.
A partir del año 2008, las Mesas contra el Racismo comenzaron a promover Ordenanzas contra la discriminación, es decir normas que implicaran el compromiso de los gobiernos municipales y regionales en contra de la discriminación.
Otra institución cuyo rol ha sido muy importante fue INDECOPI. Se han desarrollado muchas acciones de manera conjunta que llegaron a las severas sanciones a los locales racistas. Los funcionarios de INDECOPI también han participado en numerosos talleres y conversatorios organizados por la Mesa. Sin embargo, también existen funcionarios que dan una atención sumamente formal a las víctimas y que, inclusive, sospechan que presentan denuncias falsas, sin mayor fundamento.
Dentro del Poder Ejecutivo, el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES) exhibe una mayor sensibilidad al respecto, pronunciándose sobre la situación de las trabajadoras del hogar y las agencias funerarias que colocan a afroperuanos como cargadores en los entierros de lujo.
Otras alianzas importantes se han manifestado con las municipalidades provinciales y distritales y los gobiernos regionales. Mientras algunas Municipalidades se limitaron a aprobar Ordenanzas contra la discriminación, como un acto meramente formal, otras promovieron la capacitación de sus funcionarios (Abancay, Huamanga, Jesús Nazareno, San Juan Bautista, Andahuaylas, Huancayo, Miraflores), así como los Gobiernos Regionales de Ayacucho y Apurímac.
Se logró también que el Ministerio de Educación aceptara incluir dentro de los materiales de tutoría una sección correspondiente a la discriminación preparada por una integrante de la Mesa contra el Racismo. Se planteó a la Presidencia del Consejo de Ministros, la posibilidad de impulsar políticas públicas contra la discriminación.
Finalmente, debe destacarse que desde hace poco más de un año existe en Lima el Museo Nacional Afroperuano, donde se estudia la historia de la esclavitud y rescatan los aportes afroperuanos a la cultura nacional, en aspectos como la comida y la música. Se trata de una institución estatal, que pertenece al Congreso de la República y logra que pueda visualizarse los aportes a la cultura nacional de un importante componente de la población peruana que ha quedado invisibilizado. El Museo no desea centrarse solamente en un enfoque histórico, sino que busca proyectarse a la comunidad. Posiblemente, de existir todavía la Mesa, se habría formado una alianza estratégica.
La discriminación nos es familiar. Nuestro pasado afecta directamente a los jóvenes: afianza la inclusión de algunos, y crea el autorechazo en otros -“son frecuentes prácticas el teñirse el pelo en las mujeres y raparse el cabello en los varones, ambos ocultan así el carácter lacio, propio de la raza andina” (Ardito 2005:42).
Por otro lado, el Pueblo Peruano es un pueblo que no supera su condición de migrante, con los perjuicios atávicos de origen, vemos como otros importantes actores entran en juego. Los medios sociales, los medios de comunicación masifican el racismo, los canales con programas que realizan en Lima, la gran mayoría son series racistas, que tienen ese fondo como “La Paisana Jacinta” o “Al Fondo hay Sitio”, y los programas “Chistosos”, que no valen la pena ya mencionar, porque realmente causan pena, lástima de los mismos actores que se denigran haciendo papeles que terminan siendo papelones, estos medios masifican el racismo.
  

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