Actualmente,
existe el sentido común en el Perú que “todos somos mestizos”, y esta categoría
es empleada como elemento para encubrir las diferencias que existen entre los
peruanos, evitándose así las cargas valorativas negativas que tienen
expresiones cotidianas como cholo, blanco o negro. Pero la verdad es que la
mayoría de los peruanos nos hacemos de la vista gorda en cuanto a nuestra
propia apariencia, no estamos acostumbrados a mirarnos en el espejo; esto explica
por qué es que "choleamos" tanto y por qué olvidamos que todos los nacidos en
este territorio, tenemos en nuestros genes la raza indígena, a la cual
desprestigiamos tanto en nuestra manera de hablar y actuar.
El
racismo siempre ha existido, existe y existirá en el mundo; ya sea que se
presente de manera burda y evidente como el Apatheid o de manera sutil y desgarradora
como en los países más desarrollados. En el caso peruano, creo que es un
racismo que se ve en todas partes, a cada momento y, sobre todo, a un nivel
inconsciente. Es decir, todos reproducimos rasgos racistas sin ni siquiera
darnos cuenta, que es lo que resulta más triste. Esto ocurre con los apodos,
con la necesidad de remarcar el rasgo étnico del otro, hasta hacer que su
sobrenombre sea la marca de su identidad, y ya no el nombre oficial en su DNI.
Así, chino, cholo, negro, moreno, gringo, zambo, mulato, y un sinfín de otros
apodos más, forman parte de esa fauna cotidiana en la cual todos nosotros nos
desenvolvemos desde pequeños. ¿Ese tipo de apodos son reprobables? Ante esta
difícil pregunta, uno se cuestiona, y se pone a pensar acerca del apodo propio.
Pero a estas alturas de la vida, nos damos cuenta que nos identificamos con el
apodo, sentimos que el apodo reconstruye nuestra identidad. Claro, todo apodo
tiene su doble filo, Chino, Cholo o Negro tiene un doble significado. Puede ser
coloquial y afectuoso, y quizá con el diminutivo añadido: chinito. Así suena
“bonito”, pero bien en el fondo de ese cariño, hay su distinción, hay su diferencia,
hay una ofensa escondida. El lado opuesto es el “chino” dicho como insulto,
como denigración, como estigmatización. La diferencia es que la primera encubre
una carga racista casi invisible, con ese diminutivo –ito, el racismo muestra
su lado amable, su aspecto lindo. El problema es que se cae en la
generalización, en la pérdida de individualidad, en pensar que todas las
personas con los ojos jalados son chinos, y no vale diferenciación de por
medio; al final, son la masa de “chinos” (claro, si todos son igualitos), como
las masas de cholos, negros o gringos.
Como
ya mencionamos, todos somos actores del racismo, pero podemos referirnos
específicamente a algunos. Como por ejemplo, uno de los principales actores
cuando nos referimos al racismo en el Perú, es el Estado; esto se debe a que es
esta entidad la que debe velar por el bienestar de sus pobladores. Así mismo,
también tiene la obligación de proteger los derechos de los ciudadanos de otros
países que vivan dentro de sus territorio; por ello, ante cualquier estrategia
que se adopte frente al racismo, el Estado tiene un papel protagónico. Tiene la
obligación de:
· Promulgar leyes que prohíban la
discriminación racial.
· Establecer los mecanismos propicios que
estimulen la vigilancia sobre la incidencia del racismo y la discriminación
racial dentro de instituciones y sociedades.
· Condenar públicamente a las instituciones que
incurran en dicho delito.
· Asegurar que se sancionen a las instituciones
públicas y a los funcionarios del Estado que niegan por motivos raciales la impartición de
justicia.
Los
empleados domésticos también son altamente perjudicados cuando hablamos del
racismo. Estas personas que mientras nosotros viajamos, nos divertimos, salimos
a comer o lo que sea que hagamos para pasar el tiempo, se dedican a cuidar
nuestras casas y a nuestros animales, incluso a nuestros seres queridos, no son
tratadas con el debido cariño y respeto que se merecen. No cometamos el error
de maltratar y despreciar a quien en muchísimos casos, no ha tenido las mismas
oportunidades que nosotros, y por ello no tenga nuestras mismas creencias o
nuestra misma cultura; lo cual no significa que sea inferior a nosotros. La
educación nuestra, tiene tanto que ver, como la mirada frente al espejo, de la
que hablamos al principio. Debemos aprender a respetar y tratar con cariño al
empleado del hogar, al portero que nos recibe todas las mañanas, al que limpia
el carro a la vuelta de la esquina donde compramos, o a cualquier persona que
se nos cruce en la vida.
Si
bien la Confederación Nacional Agraria (CNA) y la Confederación Campesina del
Perú (CCP) no han abordado temas como el racismo, la discriminación o la
identidad indígena, no han abordado el tema del racismo directamente sino más
bien el de la tierra y el territorio, esto se debe a que algunos dirigentes
todavía no tienen claro el problema del racismo ni aún como racismo ambiental.
Pero en cuanto a las organizaciones afroperuanas, si bien son mucho más
conscientes del racismo que sufren, son también muy débiles, en parte porque muchos
de sus integrantes padecen limitaciones económicas, lo cual genera que tengan
dificultades para dedicar parte de su tiempo al activismo. Todavía, dentro de
la población afroperuana existen serias carencias educativas, el número de
profesionales es reducido y no todos desean involucrarse en acciones
antirracistas.
Por
ello, en agosto del 2004 surgió la Mesa contra el Racismo desde la Coordinadora
Nacional de Derechos Humanos, que asumió como tarea una Campaña Nacional contra
el racismo. Esta agrupaba a representantes de organismos de derechos humanos y
a una docena de voluntarios, en su mayor parte jóvenes, que se reunían
semanalmente para discutir cómo enfrentar la problemática contra el racismo.
En
los primeros años, las actividades eran planificadas y desarrolladas de manera
participativa, sin que los representantes de las instituciones buscaran imponer
una decisión o una expresión determinada, sino más bien procuraban generar
consensos sobre determinados temas.
Dentro
de la Mesa contra el Racismo laboraban personas de ascendencia europea,
mestiza, andina y africana. Esta diversidad era muy importante, pues guardaba
relación con el enfoque de la Mesa: se rechazaba el racismo, no se planteaban
las reivindicaciones de un determinado grupo étnico. Todos los participantes
del grupo habían sufrido racismo en circunstancias muy diversas y querían
evidenciar y enfrentar este problema.
A
partir del año 2007 se conformaron otras Mesas en Sullana, Chiclayo, Ayacucho,
Abancay, Iquitos, Junín, Chimbote, Cusco, Sicuani y Arequipa, que fueron
financiadas por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos dentro de un
proyecto que dirigió la Unión Europea. Normalmente, eran Mesas dirigidas por el
integrante de ONG que era integrante de la Coordinadora, que recibía un sueldo
por esta labor. Las actividades de cada Mesa eran distintas, según el contexto
cultural y la problemática de cada zona.
A
través del acceso a una invitación del congresista Jacques Rodrich, interesado
por el tema y, tras una reunión con sus asesores, finalmente se logró que se
modificara el artículo del Código Penal con el texto actual, que es mucho más
preciso y tiene penas más severas.
A
partir del año 2008, las Mesas contra el Racismo comenzaron a promover
Ordenanzas contra la discriminación, es decir normas que implicaran el
compromiso de los gobiernos municipales y regionales en contra de la
discriminación.
Otra
institución cuyo rol ha sido muy importante fue INDECOPI. Se han desarrollado
muchas acciones de manera conjunta que llegaron a las severas sanciones a los
locales racistas. Los funcionarios de INDECOPI también han participado en
numerosos talleres y conversatorios organizados por la Mesa. Sin embargo,
también existen funcionarios que dan una atención sumamente formal a las víctimas
y que, inclusive, sospechan que presentan denuncias falsas, sin mayor
fundamento.
Dentro
del Poder Ejecutivo, el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES)
exhibe una mayor sensibilidad al respecto, pronunciándose sobre la situación de
las trabajadoras del hogar y las agencias funerarias que colocan a afroperuanos
como cargadores en los entierros de lujo.
Otras
alianzas importantes se han manifestado con las municipalidades provinciales y
distritales y los gobiernos regionales. Mientras algunas Municipalidades se
limitaron a aprobar Ordenanzas contra la discriminación, como un acto meramente
formal, otras promovieron la capacitación de sus funcionarios (Abancay,
Huamanga, Jesús Nazareno, San Juan Bautista, Andahuaylas, Huancayo,
Miraflores), así como los Gobiernos Regionales de Ayacucho y Apurímac.
Se
logró también que el Ministerio de Educación aceptara incluir dentro de los
materiales de tutoría una sección correspondiente a la discriminación preparada
por una integrante de la Mesa contra el Racismo. Se planteó a la Presidencia
del Consejo de Ministros, la posibilidad de impulsar políticas públicas contra
la discriminación.
Finalmente,
debe destacarse que desde hace poco más de un año existe en Lima el Museo
Nacional Afroperuano, donde se estudia la historia de la esclavitud y rescatan
los aportes afroperuanos a la cultura nacional, en aspectos como la comida y la
música. Se trata de una institución estatal, que pertenece al Congreso de la
República y logra que pueda visualizarse los aportes a la cultura nacional de
un importante componente de la población peruana que ha quedado invisibilizado.
El Museo no desea centrarse solamente en un enfoque histórico, sino que busca
proyectarse a la comunidad. Posiblemente, de existir todavía la Mesa, se habría formado una alianza estratégica.
La discriminación nos es familiar. Nuestro pasado afecta directamente a los jóvenes: afianza la inclusión de algunos, y crea el autorechazo en otros -“son frecuentes prácticas el teñirse el pelo en las mujeres y raparse el cabello en los varones, ambos ocultan así el carácter lacio, propio de la raza andina” (Ardito 2005:42).
Por otro lado, el Pueblo
Peruano es un pueblo que no supera su condición de migrante, con los perjuicios
atávicos de origen, vemos como otros importantes actores entran en juego. Los medios sociales, los medios de
comunicación masifican el racismo, los canales con programas que realizan en Lima, la
gran mayoría son series racistas, que tienen ese fondo como “La Paisana Jacinta”
o “Al Fondo hay Sitio”, y los programas “Chistosos”, que no valen la pena ya
mencionar, porque realmente causan pena, lástima de los mismos actores que se
denigran haciendo papeles que terminan siendo papelones, estos medios masifican
el racismo.
hay que ordenar la información según tipos... segmentarla...
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